Michel Autès
Incorpora el término desligadura para denominar a la exclusión, al considerarla como una desligadura de la esfera económica respecto de la esfera política y recurre a la responsabilidad del Estado para su afrontamiento.
Robert Castel
Apostará por el término de desafiliación al considerar que la exclusión se trata de un proceso y considera que ocuparse de los excluidos moviliza respuestas técnicas pero también exigiría un tratamiento político, por lo que su propuesta se dirige a la aplicación de políticas cuyas metas son preventivas y no solamente reparadoras.
Monique Sassier
Advierte de los riesgos de estigmatización y de estabilizar las lógicas segregativas de la acción social al convertirse los itinerarios de inserción en sistemas de protección que provocan más aislamiento que intercambios.
Considera que la cuestión fundamental es la justicia social y propone nuevos lazos entre los social y lo político.
Richard Roche
Se cuestiona la inserción como respuesta a la exclusión ya que considera que avanzan hacia el desarrollo de nuevas domesticidades antes que hacia nuevos oficios.
Saül Karsz
Destaca que para poner fin a la exclusión es necesario definirla y objetivar la
problemática que la envuelve. Para ello, sobre los procesos nada neutros de inserción e integración lanza algunas cuestiones como de qué deberían insertarse las personas, de qué inserción se trata, en qué, cómo, para qué fines, según qué sentido.
También se plantea la extraña familiaridad de la exclusión que “nos interpela en algún punto” y las resistencias activas o pasivas de poblaciones que no siempre quieren el bien que se les desea desde las políticas públicas y locales (desarraigo tanto familiar como social).
